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Documento de Posición de Oilwatch sobre el Mercado de Carbono Voluntario PDF Print E-mail
Oilwatch | Tuesday, 09 September 2008
De la Convención de Cambio Climático al Protocolo de Kioto

En 1992 los gobiernos del mundo se reunieron para firmar la Convención de Cambio Climático con el objetvo de detener el calentamiento global. A su vez, científicos agrupados en el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC por su nombre en inglés) partiendo como base el año de 1990 alertaron que de se debía reducir de forma imperativa al menos en un 60% las emisiones de gases con efecto invernadero, de lo contrario se estaría poniendo en riesgo la supervivencia de la vida en el planeta.

Con la Convención, los países que han contaminado la atmósfera durante el último siglo, y por lo tanto los principales responsables del cambio climático, fueron claramente identificados como los que deben reducir sus emisiones de forma drástica e inmediata. Sin embargo, cinco años después, al contrario de lo que se esperaba con la Convención y supuesto como razonable, al firmarse el Protocolo de Kioto, se estableció de forma extremadamente limitada, el objetivo de reducir para el año 2012 las emisiones de gases con efecto invernadero tan solo en una media del 5,2 por ciento con respecto a los niveles de 1990.

Si bien el cambio climático ya era evidente para la mayoría de los pueblos del Sur, solo fue reconocido como un problema global, cuando se conformaron los nuevos negocios del cambio climático. Así fue, que en lugar de hacer que la Convención de Cambio Climático se materialice en medidas concretas y efectivas, el Protocolo de Kioto ha creado una serie de estrategias como los Mecanismos de Desarrollo Limpio-MDL (Clean Development Mechanisms-CDM) o la Implementación Conjunta (Joint Implementation-JI) los cuales, en lugar de enfrentar el problema cambiando los patrones de producción y reduciendo el consumo de combustibles fósiles, trasladan a terceros sus responsabilidades y además están creando nuevos negocios para los contaminadores.

La mayoría de los proyectos que usan estos mecanismos, como hidroeléctricas (e.g. en el río Bhilanguna y otros en India), captura de metano en vertederos de basura, esquemas de destrucción de óxido nitroso o descomposición del refrigerante HFC-23 (e.g. en México, India, Corea o Brasil), proyectos eólicos, plantaciones forestales (Plantar en Brasil), y otros regados en muchos países del Sur, en realidad pueden estar provocando severos impactos sociales y ambientales en los lugares en donde se ejecutan y no están frenando el aumento de las emisiones en el mundo.

Podemos afirmar que el Protocolo de Kioto ha fallado no solo porque con sus propuestas causa daños locales donde se ejecutan los proyectos MDL, principalmente países del Sur, sino que no ha logrado iniciar el proceso de controlar el calentamiento global. Esto ocurre porque deja de lado el principal problema que son los hidrocarburos fósiles. Kioto deliberadamente ignora propuestas constructivas y alternativas como la de dejar los combustibles fósiles en el subsuelo como la única medible, e indispensable solución al cambio climático. Kioto, en lugar de plantear falsas soluciones debiera tomar en más cuenta cientos de tecnologias nuevas o ancestrales bajas en carbono y que deben ser el ejemplo de como vivir en una civilización no petrolera.


En qué consiste el mercado de carbono?

El mercado de carbono avalado por Kioto, permitió la entrega a los países contaminadores una serie de permisos o derechos de emisión, que serían equivalentes a sus niveles de emisiones en 1990 menos -o más- su compromiso de reducción de emisiones. Es decir que los países industrializados se verán recompensados por sus emisiones y peor aún, podrán aumentarlas. Estos permisos se calculan en unidades de CO2, que es uno de los principales gases de efecto invernadero. Una tonelada de dióxido de carbono equivaldría a 1 permiso (CER o Carbon Emission Rights).

En otras palabras, el que más contamina es el más premiado al recibir gratis bonos o permisos para seguir contaminando más allá de los límites establecidos por los acuerdos de Kyoto. Los gobiernos a su vez entregan estos permisos a las industrias más contaminantes de sus países.

Las empresas, si no han usado todos sus permisos o si quieren contaminar más, pueden venderlos o comprarlos a otras empresas; este sistema se conoce en inglés como cap and trade.

Las industrias también pueden invertir en países del Sur en proyectos que supuestamente reducirán la contaminación que causan y así pueden también generar nuevos bonos o “créditos” que pueden usarlos para “compensar” los excedentes de emisiones de gases con efecto invernadero; lo que en inglés se llama carbon offset. Por ejemplo, la Unión Europea ha propuesto que sus miembros pueden usar los bonos de carbono hasta por el 25% de la “reducción” de sus emisiones nacionales hasta el 2020.

Por lo tanto, mientras los proyectos de “compensación” de emisiones son erróneamente presentados como que estuviesen reduciendo emisiones globales, en realidad, cualquier ahorro de emisiones que puedan estar efectuando en algún lugar serán canceladas automáticamente por emisiones adicionales que se hacen en otra parte del mundo.

Además, para calcular cuántos créditos de carbono pueden obtener las empresas a través de estos intercambios o proyectos se suele hacer predicciones sobre algo muy difícil de calcular: ¿cuál sería la diferencia entre el nivel de emisiones con el proyecto y el nivel de emisiones que se produciría en un hipotético futuro sin el proyecto?

Es decir a mayores emisiones hipotéticas reducidas más créditos de carbono a su favor. Lo que fomenta que la industria cree escenarios catastróficos sobre lo que sucedería en un futuro sin el proyecto. La consecuencia es que, en lugar de reducir emisiones globalmente, la llamada “compensación” de carbono (carbon offset) las está aumentando.

En resumen, el mercado de carbono es un nuevo negocio del desastre climático pues las empresas contaminantes y los intermediarios están haciendo millonarias ganancias (se calcula que para el 2008, el mercado de carbono ascendería a 90.000 millones de $US). Pero es imposible calcular cuánto CO2 se estará reduciendo -si es que esto sucede- puesto que la mercancía que se está comprando está materializada en bosques, territorios, áreas protegidas para lo cual se entregan títulos de propiedad o hipotecas sobre territorios, bosques, etc.

Muchos dicen que son errores en el diseño o fallas en el mercado, pero en realidad el mercado de carbono fue forjado de esta manera. Este es engañoso en su esencia, puesto que no fue creado para ayudar a la gente ni para cuidar el ambiente, pues esto contradice su función central, que es hacer negocios con el carbono -y con el desastre climático- y poder seguir usando combustibles fósiles.


Por qué debemos también oponernos al mercado de carbono voluntario?

El mercado de carbono voluntario es aún más peligroso que el del Protocolo de Kioto que está de cierta manera regulado y fija una cuota a un país y éste a sus empresas; mientras que el mercado voluntario está creciendo sin ningún tipo de regulación.

Este mercado paralelo permitirá a los países del Norte, instituciones, empresas y ciudadanos postergar acciones serias frente a las emisiones por la quema de hidrocarburos mientras obtiene grandes ganancias con ello.

Veamos algunos ejemplos dentro del mercado voluntario de carbono:

Una empresa española, en colaboración con fundaciones ambientalistas, ha destinado varias decenas de miles de euros para un proyecto de plantación forestal en Costa Rica, lo que en teoría permitiría capturar de la atmósfera cerca de 40.000 toneladas de CO2. Con esta acción, la empresa europea puede vender sus productos con un disfraz ecológico pues promociona en su país de origen que aparentemente está neutralizando todas sus emisiones y compensa “completamente” el carbono que utiliza. Los clientes de esta empresa creen que están haciendo un bien al comprar sus productos, pero no son conscientes de que por un lado el proyecto en Costa Rica no solo que podría estar causando problemas sociales y ambientales localmente, sino que no se puede comprobar que esta plantación esté captando las emisiones de la entidad y sus consumidores, mientras que la empresa sigue teniendo sus prácticas de consumo de recursos y emitiendo la misma cantidad de gases. Es simplemente una forma de hacer negocios y lavar su imagen corporativa pero que no contribuye a frenar el cambio climático.

En este contexto, el mercado voluntario de hecho va a alentar a la industria a contaminar más de lo que hizo anteriormente, por lo tanto aumentarán las emisiones, pues supone que éstas serán captadas en otro país.

Otro ejemplo cada día más frecuente en el mercado voluntario de carbono es el de personas en el Norte que viajan en avión o usan gasolina en sus autos y que creen que al donar un poco de dinero están “compensando” las emisiones que han provocado por su estilo de vida. Por ejemplo, numerosas aerolíneas europeas promueven entre los viajeros la donación de una cantidad de dinero que será usada en proyectos que aparentemente compensarán las emisiones del pasajero al realizar su vuelo.

Esto lleva a creer al pasajero que “donando” cierta suma de dinero, el carbono liberado durante su viaje será automáticamente absorbido en algún lado y que se estará “compensando” tales emisiones. Para el ciudadano común del Norte que se suma a estas iniciativas le resulta más fácil entregar dinero a distancia, que dejar de consumir tanto petróleo.

El problema es que muchas personas en el Norte sinceramente creen en la posibilidad de llegar a ser “neutros en carbono”, y no son conscientes de que una vez quemado el combustible fósil necesario para sus viajes, autos, calefacción, y demás consumos cotidianos, las emisiones de CO2 que se provocaron ya no pueden revertirse, sino que pasarán a formar parte de los reservorios de carbono exterior circulando en los océanos, atmósfera, vegetación y suelos.

Quienes creen que la capacidad de estos reservorios está aumentando con estas formas de “compensación” no tienen ninguna manera de verificarlo. Así, las industrias involucradas pueden asentar virtualmente en sus cuentas la cantidad de carbono que más les convenga y vender sus acciones en proyectos que les permita aumentar sus ganancias.

Peor aún, el mercado voluntario alienta la ilusión de que el cambio climático se detendrá a través de acciones individuales y no a través de medidas políticas, económicas y estructurales. En resumen el mercado voluntario incrementa el poder de los grandes contaminadores para que puedan continuar sus negocios como siempre y al mismo tiempo intentan limpiar la conciencia de los consumidores en el Norte.

En resumen, los principales argumentos frente al mercado de carbono son:

  • El mercado de carbono ignora el tema fundamental que es la dependencia de combustibles fósiles

  • beneficia a los contaminadores

  • desconoce la injusticia climática pues en el Norte se sigue con la acumulación de riqueza y bienestar, mientras que en el Sur se aumenta la vulnerabilidad al ejecutarse proyectos que pueden violar los derechos

  • no reconoce la existencia de una deuda ecológica de carbono y por el cambio climático histórica y presente

  • lo que se paga ahora es por una absorción especulativa futura mientras que las emisiones ya se realizaron

  • parcela la atmósfera, convierte el ciclo del carbono en una mercancía y lo entrega a manos privadas, al igual que con el aire, el viento, la tierra, los bosques, el agua

  • privatiza las responsabilidades ante el clima, la conservación y las iniciativas ambientales

  • es una forma de vender servicios ambientales (ciclo natural del carbono, captación de CO2 por parte de bosques, océanos, regulación natural del clima y otras funciones naturales) lo que significaría una alienación de muchos derechos sobre las tierras y territorios de sus legítimos propietarios

  • viola los derechos de las comunidades locales y causa otros impactos negativos en el ambiente

  • es especulativo y caprichoso

  • estos mecanismos se basan en principios capitalistas principales causantes del cambio climático

  • empeorará el cambio climático en lugar de detenerlo pues las emisiones no dejarán de aumenta

Además de estas, el mercado voluntario tiene otras características que lo hacen más peligroso:

  • escapa de todo control estatal efectivo

  • asume que los cambios se darán por acciones individuales y no a través de políticas y decisiones y cambios estructurales pues para enfrentar el cambio climático no se trata de una elección de consumidores, sino de acciones ante la desigualdad, injusticia y explotación

  • utiliza publicidad engañosa para los consumidores

  • al creer que se está compensando su estilo de vida, se tiende a continuar con un modelo de vida insustentable.

La propuesta Yasuní/ITT y el mercado de carbono

Por todo lo expuesto, quienes impulsamos la campaña para dejar el petróleo en el subsuelo como una camino hacia una civilización pos-petrolera nos oponemos radicalmente al mercado de carbono, sea o no voluntario.

Porque el mercado de carbono – voluntario o no- no fue creado para dejar el petróleo y otros hidrocarburos fósiles en el subsuelo, que es la única forma concreta de frenar el calentamiento global sino que, al contrario, funciona para permitir que la industria pueda comprar y vender créditos de carbono y seguir quemando carbón, gas y petróleo.

El mercado de Kioto y el mercado paralelo son completamente contradictorios con la propuesta de dejar el crudo en el subsuelo, como fue originalmente la propuesta del Yasuní en Ecuador.

La propuesta Yasuní/ITT impulsada desde el Ecuador y apoyada por infinidad de organizaciones en el mundo, reconoce y promueve las responsabilidades diferenciadas, y fue concebida para plantear nuevos negocios para los contaminadores.

La propuesta de dejar los hidrocarburos fósiles en el subsuelo, al margen de los servicios ambientales, es una señal fuerte para intervenir a nivel internacional con planteamientos concretos que entierre definitivamente el mercado de carbono dejando el crudo en el subsuelo.


MERCADO DE CARBONO

(voluntario y no voluntario)

Dejar los Hidrocarburos Fósiles en el Subsuelo

Olvido de las emisiones históricas Impunidad por los daños y premio para las empresas contaminantes

Reconocimiento de la deuda de carbono histórica y presente

Se privatiza el ciclo del carbono, la atmósfera, suelo, bosques.

El carbono se vuelve una mercancía. Promociona los servicios ambientales

Se respeta el ciclo natural del carbono.

Control colectivo y soberano de la tierra, los bosques, etc.

Se respetan los derechos humanos y de la naturaleza.

El Norte asume una responsabilidad mínima

Se asumen las responsabilidades diferenciadas:

Norte: no consumir más hidrocarburos, reconocer los daños.

Sur: no extraer más petróleo, conservar los bosques y respetar los derechos humanos.

Castigo para el Sur, pues los proyectos para “compensar” las emisiones son en general ambientalmente malos y violan los derechos de las poblaciones locales, etc..

Además, los que se oponen a las actividades petroleras o a estos proyectos son criminalizados.

Se reconocer una indemnización a los pueblos que deciden dejar el crudo en el subsuelo pues evitan nuevas emisiones y conservan los bosques.

Dependencia

Soberanía

Se siguen consumiendo combustibles fósiles y las emisiones seguirán aumentando.

Menos petróleo y desarrollo de nuevas fuentes de energía sustentables.

Menos cambio climático.

Pasos concretos en la transición hacia una sociedad pos petrolera y la soberanía energética

 

REFERENCIAS:

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www.oilwatch.org

 

 
 
 
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